Iragana

 
1933. Fernando de la Cuadra Salcedo. La casa del Moro Vizcaíno en Marquina Muchos son los vizcaínos que conocen la singular historia del personaje marquinés, apellidado el Moro Vizcaíno, que no era otro sinó el insigne por tantos conceptos don José María de Murga y Mugartegui, cuya vida es un tejido de aventuras dignas de la pluma de Julio Verne. Pródiga fue siempre la tierra vizcaína en exploradores de todos los litorales, y desde los nautas que llegaron con corte Real a Terranova, hasta los modernos Ibarreta y el vitoriano Iradier, han dado los de nuestra tierra magníficos expedicionarios y conquistadores. ¿Quién que haya penetrado algo en la historia del Asia, por ejemplo, no recuerda la vida de Tomás de Zumárraga y de Domingo de Salazar, intrépido explorador de Omura el primero y de China el segundo? Para nadie es hoy desconocida la ruta del navarro Benjamín de Tudela a través del Asia, como tampoco la expedición hasta el Gran Lama, de Javier de Azpilcueta en el siglo XVII. Reciente está la heroicidad de Francisco Ybarra, fundador de Nueva Vizcaya en América del Norte, a quien reconocen en los Estados Unidos como uno de los exploradores tipos, según obra publicada no ha mucho por la Universidad de Tejas. Señalar el carácter de la raza con ejemplos sería largo, y baste recordar que desde este mismo suelo de Marquina, en donde surgió la figura del explorador de Marruecos, el Moro Vicaíno, Murga, Mahomet Hach el Badxi, fueron en otros tiempos los ilustres Munibe, colonizadores del Perú en la rama de los Munibe León Garabito, y que de la puebla de Bolivar, comarcana de esta villa salió el linaje de Simón de Bolivar el libertador de América, por lo menos en cuanto a su línea de los Rementería. También fué de Marquina el padre de Fray Domingo de Urrosolo, sabio escritor que fue de la Corte del Emperador de Austria, y obtuvo siete votos para ser Papa en el siglo XVII. Asimismo, de las casas de Vidarte, Ibarra, Lariz, Mañozca, Barroeta y Ugarte, han salido gentes que ilustran los anales del mundo. Viniendo a nuestro Murga y a su casa solariega, en donde se formó su raíz y linaje, hemos de considerarla una de las principales mansiones de Marquina. Por su aspecto, se deja ver bien que fue en un tiempo torre y de las poderosas. Fue de los Vidarte muy enlazados con los Andonaegui, los Zaldúa, los Olazarra y los Murga finalmente. Fué sujeta a litigios por diversidad de cláusulas de mayorazgo irregular y, ostentosa de su destino, ha conservado su puerta dovelada del siglo XI al XV y su sillar vetusto y berroqueño. Dentro de lo murado más recientemente, se ha guardado como enjoyada la vieja fortaleza. ¿Fue rebajada esta torre, como las demás, con motivo de la Cédula expedida ab irato por el Rey Enrique IV el Impotente, desde Santo Domingo de la Calzada, a 27 de abril de 1457? No lo sabemos ciertamente, aunque creemos que sí, puesto que siendo esta torre centrada en Marquina hubo de sumarse al señor de Barroeta, a aquel famoso Martín Ruiz, Pariente Mayor, que fue desterrado con otros banderizos arriscados y cuyas torres altivas, fueron demolidas por los merinos del castellano. Hoy, sólo se conserva el piso bajo y el primero de piedra, siendo de construcción posterior el alto, en donde se muestran las pinturas murales, muy propias del siglo XVII y de los artífices italianos. Si del exterior pasamos a considerar los interiores de esta magnífica vivienda, sorprenderemos el genio característico de muchas generaciones representativas, llevando al acervo familiar sus hazañas, las auténticas de sus hechos y las armas de sus gestas por el orbe. Allí, en las salas severas, se enseña desde la silla de campaña y tienda del Capitán de Flandes, Cristóbal de Mondragón, predecesor de los Murga por la línea de Barreda, hasta las colecciones numismáticas que formó el Moro Vizcaíno. A éste, que exploró Marruecos en los años de 1862 a 1865 viviendo entre los mismos marroquíes, se debe el famoso libro titulado Recuerdos Marroquíes del Moro Vizcaíno. Fué impreso por vez primera en Bilbao en casa de Larrumbe en el año de 1868. En la portada de este libro, ya raro, aparece Murga vestido de moro con su sayo blanco, su palo, descalzo y su alcándara a los pies desnudos, ceñida la cabeza con un turbante que deja en despejo la frente espaciosa y serena, y cuyo dibujo se reproduce en este artículo. De la importancia de este libro hablan muy encomiásticamente los tratadistas españoles y aún los franceses, tan remisos en alabar nuestras cosas, y el celebrado escritor y marino Fernández Duro, trazó la biografía del Moro Vizcaíno de manera escueta y admirable. Otro de los admiradores de nuestro héroe, fue el Marqués de Olivart, catedrático y tratadista bien reputado, de Derecho internacional, quien encomia a Murga diciendo: "Facilitando el conocimiento de la obra del más genial de nuestros viajeros en Marruecos, he creído prestar un servicio a la patria y a la ciencia histórica". También a esta casa se debe en gran parte la gloria que a todo el país trajo la Sociedad de Amigos que fundó el Conde de Peñaflorida, pues el padre del Moro Vizcaíno, Murga la Barreda, fue el Secretario de la Real Sociedad Económica en los postreros años del siglo XVIII y principios del siglo XIX y nos han conservado buen recuerdo de ello. Tomó así parte en la Zamacolada y dejónos escrito un verídico relato de aquel suceso célebre si los hay. Se conserva en Marquina su retrato de buen pincel, en unión de otros de mérito. Se atribuyó a Goya en un tiempo semejante lienzo, pero la crítica ha rebajado el autor, y sin perjuicios de su bondad, parece más bien de mano de Estévez o de Esquivel, que siempre la época y similitud de indumento da lugar a estas confusiones entre artistas, críticos sobre todo, si el dato de archivo no coopera a la busca de lo exacto. Hay en Marquina cuadros primitivos y otros de buenas paletas españolas, siendo todos reveladores de un pasado formidable y olvidado. La biblioteca también abundante en libros del tiempo diezyochesco; algunos referentes a las polémicas y vida de la ya citada Real Sociedad y otros a los personajes de la casa en que ha habido letrados, conquistadores de Indias, Jefes de escuadra, Inquisidores, Abades, mitras, mongios y petimetres celebrados cada cual en su siglo. Sobre ellos y ellas, resplandece el mote del escudo señoril diciendo en latín Vigilate et virtute. Ha reunido esta casa muchos mayorazgos de Vizcaya y entre ellos citaré el de Aguirre de Zuaza, el de Andonaegui, el de Barreda, el de Azurduy, el de Urquijo, el de Vidarte y el más señero el de Murga, que proviene de la tierra de Ayala y que fue ganado en lucha con los abuelos Ayalas del gran Canciller Ayala, mediante la espada de los Chiquilín de Murga, que eran hijos bastardos del Señor de Ayala y de Salcedo, pero heredados y legitimados subsiguientemente, a cuyo testamento se opuso la sangre femenina de los Ayalas de Toledo, que traía especie muzárabe y hasta mora, al decir de Fray Bobadilla, el Obispo. Todo se arregló y fundóse mayorazgo sobre la torre de Murga. Escribió de esta casa el sapientísimo Fray Pedro de Murga, varón docto de los benedictinos y Prior de Irache y Canonista celebérrimo, e hijo de esta familia, cuyas obras prodigiosas se imprimieron a la vez en Roma, España y Francia y estaban siempre sobre el Tribunal de la Rota en la mesa para la diaria consulta, y fue tan grande este Murga de San Benito, que en las sesiones teológicas se emparejaba con asombro de todos, con el eminentísimo y reverendísimo Cardenal Fray Sáens Aguirre, cuyo retrato ví en la ciudad de Salamanca y claustro alto de San Esteban. Estas y otras grandezas, son propias de la casa de Murga que hoy representa la señora doña Joaquina de Murga, hermana del Moro Vizcaíno, que vive en longevidad gloriosa rodeada de sus sobrinos y sobrinos nietos, entre los cuales florecen las virtudes de los pasados.