Iragana

 
... ... ... Los arroyos de Urco y Max bajan á la feligresía de Barínaga por dos encañadas, uniéndose veinticinco pasos más abajo de su parroquia de San Pedro apóstol, la cual queda en una pequeña península á la derecha del primero y á la izquierda del segundo, y de Barínaga siguen su curso las aguas hasta la proximidad y frente á la parroquia de San Andrés de Marquina-Echevarría, en donde se le agregan, por la orilla derecha, dos nuevos arroyos, uno que desciende de los montes de Urcaregui y el otro de los de Arranoate; y dejando á veinte pasos de distancia á la derecha, la citada parroquia de San Andrés, continúa el cauce hasta unirse con el rio que baja de Iruzubieta al par de la mencionada ermita de Arrichinaga, dejando primero la parroquia de Santa María de Jemein á la derecha y á la distancia de doscientos sesenta pasos, y la villa de Marquina, al par de dicha parroquia, á la izquierda y á cien pasos de distancia. ... ... ... JEMEIN La anteiglesia de Nuestra Señora de Jemein (ó Semein, como se pronuncia en vascuence, nombre que significa parto de la Virgen) compone, con la siguiente de San Andrés de Echevarría, la merindad de Marquina. Confina por el Norte con jurisdicción de Murélaga, por el Sur con la citada de Echevarría, por el Este con la de Berriatúa y por el Oeste con la de Cenarruza. Dista unas ocho leguas de la villa de Bilbao y dos kilómetros de la de Marquina, á cuya jurisdicción pertenece. Comprende su termino municipal unas cuatro leguas de circunferencia, con buenos montazgos, encinales, pastos, varias canteras de jaspe moreno y ciento cincuenta y dos fogueras de vecindario. Su fiel regidor tenía el voto y asiento veintisiete en las Juntas generales que se celebraban en el Consistorio de Guernica. Tiene una iglesia aneja á la de la Asunción de Marquina, bajo la advocación de Santa María, la cual fue reedificada desde el año 1510 hasta el 1550 á unos trescientos pasos de distancia de Marquina, en el extremo oriental de los llanos de Aspilza; es de piedra sillar caliza, de ciento cincuenta piés de longitud por ciento dos de latitud; tiene tres naves, hermosas bóvedas sostenidas por seis gruesas columnas, siete altares, órgano, doscientas treinta y cinco sepulturas y dos pequeñas capillas pertenecientes á las Casas de Barroeta y Aldaolacúa. Para el servicio de la parroquia de la Asunción de Marquina y su aneja de Jemein, hay un párroco dotado en mil trescientas setenta y cinco pesetas el culto. En su jurisdicción eclesiástica tiene dicha parroquia unas trescientas casas, ciento cincuenta y dos de la fogueración de dicho Jemein y las dos cientas diez y ocho de la expresada villa de Marquina, con mil seiscientas almas, seis ferrerías, tres molinos, una tejera y seis ermitas, -sin contar las cinco que tiene dicha villa en su jurisdicción, como se dirá en el Capítulo III del tercer libro de la primera parte de esta HISTORIA -bajo la advocación de San Miguel en Arrichínaga, que fué reedificada el año 1734 y dentro de la cual existe un crecido peñon perpendicular; la de San Joaquin y Santa Ana, en Barroeta; la de San Jacinto, en Ibarra; Angel de la guarda, en Laucirica, construida por Jaciento de Laucirica, en virtud del permiso que le dio el Obispo de Calahorra Fr. Bernardo de Ontiveros, en Marquina, el dia 4 de Julio del año 1662: la de San Juan en Amallo y las de Nuestra Señora y santa Lucía. Entre las casas de Jemein merecen citarse por su antigí¼edad y nobleza: las de Ubilla, Ugarte, Arismendi, Iturreta, Jáuregui, Artibay, Aspilza, Arescurrénaga, Torre-bitarte, Ansótegui, reedificada el año 1730, por su dueño D. Andrés de Ansótegui, gobernador que fué de Vitoria; y por último, la de Barroeta. De ellas han salido varones ilustres en las letras y en las armas, que han honrado al siglo en que han vivido y cuyo recuerdo será perennemente una gloria para los hijos de la merindad de Marquina. Cuenta Lope García de Salazar, que el año 1417 se libró una verdadera batalla entre el señor de la citada Casa de Barroeta con su gente y adictos y los hijos de Lope Ibáñez de Marquina, que eran enemigos irreconciliables, habiendo costado la vida á un buen número de partidarios de ambos, contándose entre los muertos Lope de Marquina, víctima de un saetazo. De propósito hemos dejado para lo último de este Capítulo el hacer mención de una mejora importantísima introducida, hace aún pocos años, en Jemein, y la cual ha bastado por sí sola, para que el nombre de dicha anteiglesia, y el de una de sus Casas mas antiguas, y el de la misma merindad de Marquina, sea hoy conocido, no solamente en todas las principales poblaciones de España, sinó también en las capitales mas importantes del extranjero. Nos referimos al ESTABLECIMIENTO BALNEARIO DE URBEROAGA DE UBILLA, el cuál ha logrado alcanzar, en los catorce años que cuenta de existencia, un gran nombre, conquistando gloriosos laureles y merecido galardon la iniciativa y la laboriosidad de sus propietarios, los señores Aguirre Sarasúa hermanos. Dicho Establecimiento termal se halla situado á dos kilómetros de Marquina, á la márgen derecha del rio de Ubilla y en la carretera que desde esa villa se dirige, por Ondárroa á Lequeitio y á San Sebastián, recorriendo un bellísimo paisage por la costa, pasando por Saturrarán, Motrico, Deva y Sarauz. Dieron principio las obras de su construcción el año 1869 y se terminaron en 1872, si bien el primer edificio construido se inauguró en Junio de 1870, pero fué tan grande la concurrencia que acudió este año que exigía construir inmediatamente otro mayor, como así se hizo. El análisis químico de las aguas se encomendó al distinguido catedrático de Química en la facultad de Ciencias de la Universidad central de Madrid, el Doctor D. Manuel Saenz Diez, cuya reputación como químico analítico era y sigue siendo bien conocida en España y fuera de ella; y la instalación del Balneario se confió al Doctor en Medicina y Cirugía y Licenciado en Farmacia, al reputado hidrólogo D. Justo Jiménez de Pedro, el cual continúa desde el primer año al frente de la dirección facultativa de dicho Establecimiento. Débese á este último el descubrimiento, en Agosto de 1870, del tercer manantial, que lleva su nombre, tan notable por su caudal como por el constante desprendimiento de burbujas de gas azoe, en cantidad muy considerable, sobre el que se construyó, según su indicación y proyecto, un gabinete de inhalación y una sala de respiración de agua pulverizada, modelos ambos; esta última se inauguró el año 1877. Todas las obras se ejecutaron bajo la entendida dirección y por consejo de ambos Doctores, Saenz Diaz y Giménez de Pedro, los cuales se trasladaron á Ubilla y procedieron á rectificar el aforo de los manantiales, á hacer el análisis de los gases que de los mismos se desprenden espontáneamente, á graduar las atmósferas de los gabinetes de inhalación, etc. etc. La mayor parte de los aparatos para la aplicación de las aguas, en diversas formas, fueron pedidos á las mejores fábricas de París. Terminada la temporada del año 1872 no pudo abrirse al público hasta el verano de 1876, á consecuencia de la guerra. El aumento de la concurrencia exigió la construcción de otro nuevo edificio destinado á pabellones amueblados con lujo, levantado sobre una espaciosa galería formada con arcos de piedra, que constituye un cómodo paseo cubierto, frente al rio, cuyo edificio se terminó en 1879, habiéndose construido despues, el año 1882, otro mayor aún que los anteriores, á la orilla izquierda del rio. En honor á la verdad debe decirse que los propietarios del Establecimiento de Urberoaga no regatean sacrificio de ningún género para introducir todos los años, en sus diferentes departamentos, todas aquellas mejoras que puedan hacer más confortable, más amena y más grata la permanencia del bañista en aquel hermoso Balneario. Así se explica perfectamente el respetable número de bañistas que suelen acudir á él todos los años, especialmente durante la temporada oficial, que comprende desde el 15 de Junio hasta al 30 de Setiembre, pues, a pesar de que el último año de 1884 se resintió mucho el movimiento de forasteros á este país, á consecuencia de la natural alarma que produjo la presencia de cólera en algunos puntos de España lejanos de las provincias vascongadas, -pero que fue suficiente para que las familias no se arriesgasen á abandonar sus hogares,- acudieron al establecimiento de Urberoaga mil ochocientas diez y seis personas durante la mencionada temporada oficial, habiendo estado fuera de ella, antes y después, otras dos cientas, sumando en conjunto dos mil durante el último año. Las aguas son trasparentes, incoloras, inodoras, aún por la agitación; su sabor es acídulo, agradable. Agitándolas en un frasco medio lleno y cerrado, sueltan multitud de burbujas gaseosas, que el análisis ha demostrado ser una mezcla de nitrógeno y ácido carbónico. Tienen además una ligera reacción ácida; cuando se hierven se ponen opalinas, desprenden los gases que tienen en disolución y quedan con una reacción alcalina muy marcada y que demuestra el papel de tornasol enrojecido. Evaporadas, dejan ligero residuo; son muy delgadas y después de enfriadas constituyen una esquisita agua potable. Su temperatura es de + 27º centígrados, ó sean + 21º6´ de Reaumur; su densidad es de 1,000187. Se recomiendan para casi todas las enfermedades del aparato digestivo, como digestiones difíciles, gastralgias y demás padecimientos del estómago é intestinos, infartos del hígado y bazo, cólicos hepáticos, ictericia, hipocondría, histerismo y demás efectos nerviosos. Hemos creído deber detenernos á consignar estos pormenores porque, en nuestro concepto de historiadores de Vizcaya, no debemos ocultar ninguna de aquellas noticias que puedan redundar en beneficio general, sin perjudicar á nadie, y sin faltar por eso, en lo más mínimo, á lo que el historiador se debe á la verdad y á la sinceridad de las descripciones que haga, del mismo modo que nos hemos de detener en describir algunos otros establecimientos balnearios que existen en varios puntos de la provincia cuando les corresponda el turno á los pueblos ó anteiglesias en cuya jurisdicción radican. Pero también merece que se diga algo del magnífico Establecimiento que encierra ese tesoro de aguas. Consta de cuatro edificios en forma de paralelógramo que, aunque separados dos de ellos unos cinco metros uno de otro, se comunican por magníficas galerias, cerradas con cristales. Dos tienen planta baja y tres pisos, á los que dán acceso cuatro escaleras suaves y espaciosas, y proporcionan luz y ventilación dos pátios interiores. El construido el año 1879, cuya planta baja la constituye una espaciosa galería, frente al río, es el más cómodo paseo para los días lluviosos y tiene dos pisos destinados á pabellones de lujo. El construido últimamente á la orilla izquierda del rio, en la carretera, que mide setenta y dos metros cuarenta y cuatro centimetros de longitud por nueve metros cuarenta y siete centímetros de latitud, tiene tres pisos, con setenta y cuatro habitaciones también de lujo y algunas en el piso bajo para los enfermos á quienes fatiguen las escaleras, espacioso comedor para ciento sesenta cubiertos, salon, cocina, y servicio especial. Pueden hospedarse en los cuatro edificios mas de cuatro cientas personas. Las habitaciones, en número de 270, son claras, bien ventiladas y amuebladas con mas ó menos lujo, pero todas con lo necesario; las hay para una, dos y hasta tres camas, otras en comunicación á voluntad, y pabellones de lujo con dos y cuatro habitaciones y sala independiente para familias. La mayor parte del moviliario, así como el servicio de loza y cristal, procede de las mejores fábricas del extranjero. En los pisos bajo y principal se hallan tres elegantes comedores capaces para ochenta, ciento y ciento sesenta personas, destinados para servir la mesa de primera; otro particular para los que no quieren comer en mesa redonda, otro particular para los que no quieren comer en mesa redonda, otros dos destinados para la segunda mesa y para los criados; y como accesorios, dos espaciosas cocinas económicas, despensas, repostería y demás dependencias necesarias para la limpieza y el mejor servicio. Las galerías cerradas con cristales que comunican dos de los edificios entre sí y que son continuación de las galerías que dan entrada á las habitaciones de los respectivos pisos, constituyen un extenso paseo cubierto, de trescientos trece metros y treinta y tres centímetros de longitud por trescientos doce de latitud, el más cómodo y abrigado para los enfermos, en los días de lluvia. Y aquí terminamos la descripción de Jemein, de ese lugar enclavado en el apacible valle de Marquina, tan apacible y grato por su suave temperatura y rica vegetación, como lo son la mayor parte de este ilustre y antiquísimo Señorío, rodeado de elevadas montañas, pobladas de verdura, amenos y frondosos bosques, en los cuales se ostenta la más lozana vegetación que á fuerza de destilar sudor de su frente puede producir el trabajo del hombre. BARINAGA En una encañada profunda á las faldas de las montañas de Yurreta y Max, se halla Barínaga, que significa limacal ó babosal) distante ocho leguas de la villa de Bilbao y tres cuartos de legua de la de Marquina, en cuyo vecindario y fogueración están incluidos los caseríos de que consta, exceptuando cuatro que pertenecen á Jemein, cuyos dueños elegían anualmente un fiel bolsero para el cobro de los maravedises que debían poseer; casi todos esos caseríos fueron construidos en terrenos pertenecientes á los Señores de Vizcaya, sin que estos pudiesen ejercer ningun acto de justicia. Tiene una iglesia parroquial dedicada á San Pedro apóstol, que fue fundada por los feligreses en un Hermitorio con licencia del Obispo diocesano, y habiendo colocado pila bautismal el año 1543 y hecho el reparto de sepulturas en 1547, se suscitó un pleito entre ellos y Martin Ruiz de Barroeta y Gonzálo de Ugarte, patronos de la matriz de Santa María de Jemein, y como hubiesen sido nombrados árbitros de ambas partes los señores D. Martin Ruiz de Barroeta y el licenciado Tomás Pérez de Urquizu, Beneficiados de San Andrés de Echevarría y de Santa María de Elorrio respectivamente, pronunciaron el 3 de Mayo de 1552, por testimonio de Juan de Emasabel, sentencia á favor de dichos feligreses, la cuál fue confirmada por el Doctor Dn. Andrés Ortiz de Orton, Provisor de S. Iltma., en Logroño á 20 de Mayo de 1552 y por la Santidad de Julio III en San Pedro de Roma el 7 de Marzo de 1553. Esta iglesia parroquial de San Pedro edificada en una profunda encañada y penincular formada por dos rios que bajan de los montes de Urrondo, Mendibil y Urco, fué ampliada el año 1746; consta de una nave de sesenta y seis piés de longitud y treinta y uno de latitud, con bóvedas, tres altares, treinta sepulturas, átrio en ambos lados y campanario de frente, colocado sobre cuatro postes: estaba servida por un Beneficiado presentado por la villa de Marquina y por los dueños de las Casas solares de Ugarte y Barroeta, como Patronos; en la actualidad presta en ella los servicios espirituales un párroco dotado en ochocientas sesenta y cinco pesetas, un coadjutor con setecientas cincuenta y trescientas el culto. Tiene en su feligresía ochenta y cinco casas con trescientos veinticuatro habitantes, cuatro molinos; catorce puentes de piedra y madera y tres ermitas dedicadas á Santa Engracia, Santa Marina y San Miguel fundada el año 1768, con objeto de que en ella pudiese celebrar el Beneficiado segunda misa en los días festivos. MARQUINA En poco más de tres horas de diligencia hemos salvado la distancia que separa á la villa de Elorrio de la de Marquina, recorriendo un terreno accidentado y montañoso. No bien se hecha pié en tierra llama desde luego la atención la singular hermosura de los marquineses de ambos sexos, especialmente la de las mujeres. Su noble estatura; sus ámplias proporciones; su altiva cabeza; su despejado y tranquilo rostro, blanco, lleno y sonrosado, en el que se destaca briosamente las dobles trenzas de su cabello, negras y relucientes como sus ojos; su misma quietud, su misma pesantéz marmórea, las dan un aire grandioso, monumental, estatuario. La villa de Marquina está fundada en una hermosa llanura, circundada de elevadas montañas y en la proximidad de dos ríos; su nombre significa, según el señor Iturriza, raya ó confin, y según Mendez Silbad al fólio 215 vuelto de su obra titulada Población general y Catálogo real y genealógico de España, significa defensa de límites. Dista unas ocho leguas y media de la villa de Bilbao y tres largas de la de Durango, y su fiel ocupaba el asiento décimo entre los apoderados de las villas en la asamblea vizcaina. Fué fundada en la llanura de Aspilza, en el centro y en terreno de la anteiglesia de Jemein, con el nombre de Villaviciosa de Marquina, por el Conde D. Tello, Señor de Vizcaya, según consta de su Privilegio dado en Bermeo el 6 de Mayo del año 1355 á petición de los hijos-dalgo de la Merindad de Marquina, para que "unidos en ella pudiesen impedir á los Guipuzcoanos los muchos robos, males y daños que hacían en dicha Merindad”: fué poblada con condición de que no habrían de entrar á morar en ella los labradores censuarios de Vizcaya, donando el citado don Tello á sus pobladores diez solares yermos y el Monasterio de Santa María de Jemein para parroquia, con todo lo que á ella le pertenecia, con pensión de mil doscientos maravedises anuales, los mismos que en tiempos anteriores rendía dicho Monasterio por diezmos. Así consta del mencionado privilegio, confirmado por el rey D. Enrique III en Valladolid el 16 de Agosto de 1401, y pocos dias después de fundada esta villa, los vecinos de ella donaron su patrono y diezmos á Pedro Galíndez y Lope Ibáñez de Marquina, pero recobraron la mitad de ellos posteriormente. El vecindario de Marquina, según el último censo, consta de trescientos sesenta y cinco vecinos y mil setecientas sesenta habitantes, distribuidos entre el casco de la villa y las barriadas exteriores. El primero se compone de cuatro villas y tres arrabales; las primeras se llaman Caleoquerra, Erbicalía, Gí¼encalía y Ziarcalía y los segundos Artibay, Abesúa y Cármen. Las barriadas exteriores son las de Barínaga, San Martin, Iturreta, Irunza y Amalloa. Las calles son todas rectas y están bien empedradas con dos listas de losa arenisca de Oiz, colocadas en los extremos el año 1783 que costaron al pueblo veinticuatro mil reales. Es cabeza de partido jurisdiccial y por cierto que tenemos la buena suerte de hallar al frente del Juzgado de primera instancia al simpático é ilustrado jóven vitoriano el señor D. Manuel de Larráñaga, el cuál, á pesar de no contar todavía mas edad que unos veintiocho años, es ya un portento de sabiduría y de erudición que desde luego se descubre no bien se ha conversado con él cinco minutos. Es verdad que apenas terminada su carrera con notas muy sobresalientes, el primer bufete en que entró á cursar fue el del sabio alavés, el eminente jurisconsulto y nunca bastantemente llorado D. Benigno Martinez de Moraza, quien habiendo tenido que ausentarse para tomar asiento en el Congreso en aquella memorable legislatura del año 1876 en la que pronunció aquellos magnificos y brillantes discursos, que no los olvidaremos nunca, en defensa de las Instituciones forales de su pais, confió todos los innumerables asuntos de su despacho al joven imberbe señor Larráñaga, á quien le legó la mayor parte de su librería en los momentos postreros de su existencia, en señal de aprecio, en prueba del cordial afecto que le profesaba. Una de las cosas que más hemos admirado en este señor en las pocas horas que hemos permanecido á su lado, ha sido la facilidad con que concilia su carácter sencillo, dulce y afectuoso, con la seriedad y gravedad del magistrado que tiene el deber de administrar justicia. Visto el señor Larráñaga en su despacho del Juzgado no es el mismo del trato particular: -así fue el erudito campeon de la causa foral, el Sr. Moraza. Reciba el Sr. Juez de Marquina la expresión sincera de nuestro reconocimiento por las finezas y atenciones que se ha dignado hoy dispensarnos.- Sigamos adelante nuestra narración. La Iglesia parroquial de esta villa está dedicada á la Asunción: es un templo de grandes dimensiones en el cuál se hicieron varias obras de pintura el año pasado, habiéndose restaurado además la capilla de la Soledad. Para su servicio y el de su aneja de Jemein hay un párroco dotado en mil trescientas setenta y cinco pesetas, cuatro coadjutores con setecientas cincuenta cada uno y setecientas cincuenta el culto. Cuenta además esta villa con un convento de religiosos carmelitas descalzos fundado el 2 de Febrero del año 1691 por D. Ignacio de Munibe, Abad que fue de la Colegiata de Cenarruza y con otro de religiosas mercenarias calzadas que tuvo principio con unas beatas hacia el año 1450, las que de una casa particular pasaron á la casa convento que edificaron en la proximidad de la parroquia de Jemein Martín Ibáñez de Garacate y D.ª María Saez de Zubilaga su mujer, dueños de la Casa Solar de Torrevidarte el año 1538, desde donde se trasladaron en 1666 al sitio que hoy ocupan. Las ermitas que existen en esta jurisdicción son: la de San Pedro de Elejabarri, fundada en el siglo XV intramuros; la del Santo Cristo en el arrabal de Abésua, edificada el año 1536 por los citados Martin Ibáñez de Garacate y su mujer; la de San Martín en Murua, la de San Juan Bautista en Iturreta y la de San Roque en el antiguo hospital. En compañía de este señor Juez visitamos la Casa Consistorial que es un hermoso y sólido edificio antiguo, cuyo salon de sesiones se restauró elegantemente el año 1865, colocando preciosas columnas y una magnífica silleria tapizada y adornada de molduras para los concejales; hace cinco años se empapeló además y se hicieron otras mejoras de decoración. El señor Secretario D. Tomás de Urtiaga, hombre ya de cierta edad pero en quien los años no han apagado la lucidéz de su inteligencia, nos enseña todas las dependencias del edificio y en verdad que bien puede enseñarlas por el esmero que se observa en la colocación de todos los documentos del Archivo y de la Secretaría. Pasamos á ver el nuevo edificio construido el mencionado año de 1865 en el arrabal de Artibay con destino á escuelas de ambos sexos y hallamos que es digno de una villa tan culta y tan ilustrada como es Marquina: además de este centro de enseñanza existe otra escuela completa, de niños y de niñas, en la barriada de Barínaga. Así mismo hemos visitado en el arrabal de Abésua el hermoso hospital que hácia el año 1877 se construyó con un legado de diez mil duros que dejó para esta obra pía la virtuosa señora D.ª Carmen de Uhagón, cuyo dignísimo y modesto hermano D. Federico es hoy su celoso Patrono. Entre los palacios y edificios más suntuosos que vemos en esta villa, merecen mencionarse los siguientes: el de D. Federico Uhagon en el arrabal de Abésua, en cuyo punto ha construido una manzana de casas el Sr. D. Federico Gaitan de Ayala; en la plaza las hermosas casas de don Martin Arrate, de D. José Elejalde y de D. Ildefonso Salazar; en el arrabal del Carmen las de D. Juan Sarasola y de D. Leon de Onaindia.- En este sitio se halla el frontón que ha sido agrandado extraordinariamente. En el arrabal de Artibai esta el palacio del señor Conde de Peñaflorida. Llaman también la atención los palacios de Mugártegui, del Baron de Areizaga y las casas de los señores Aguirre Sarasúa y de Arríllagas hermanos. Entre las Casas armeras antiguas anotamos además de la familia de Mugártegui, las de Ugarte, Mendizábal, Barroeta y Ansótegui. Pero la casa que en estos instantes absorve toda nuestra atención y que deseamos visitarla, es una que está situada en Gí¼encalía ó Gí¼encalle, y que hace años la conocemos con la imaginación, por que sabemos que encierra un verdadero y valioso museo de objetos antiguos que pertenecieron al Emperador Cárlos V. Ya estamos en ella, contemplando el mismo lecho en el cual durmió aquel gran Emperador que terminó sus días en una celda del monasterio de Yuste; esta cama está adornada con incrustaciones de plata y oro; su cortinaje ó colgaduras son de seda bordadas tambien de oro. Aquí se ven taburetes, mesas, cuadros de gran mérito artístico, varios arcones antiguos y un mapa-libro de Europa y de América, con todas las banderas del mundo:-¡el mismo mapa que consultaría aquel Emperador para realizar todas sus conquistas!- También vemos una capilla portátil de imponderable valor, que es la misma que solía llevar á todas sus expediciones Carlos V para orar ante ella; esta capilla se colocó en el balcón de esta casa un dia festivo en que el general Espartero estuvo en Marquina con el grueso del ejército liberal, en la primera guerra civil, y en ella celebró el santo sacrificio de la misma que la tropa oyó desde el Prado. La vista de este lecho verdaderamente imperial y de estos preciosos objetos impele á nuestra imaginación á discurrir acerca de la condición humana, de las vanidades de la vida, de lo verdadero y de lo falso; de lo que pensarán los reyes y los emperadores cuando están á solas con su propia humanidad; de lo necesario y de lo supérfluo; de lo finito y de lo infinito; de la insuficiencia de los sentidos para complacer á la imaginación; de lo limitada que la vida y de lo ilimitado que es el deseo; de la impenetrabilidad de los instantes, ó sea de la imposibilidad de vivir dos veces á un tiempo mismo; de la implacable marcha del tiempo, que no sale de su paso por nada ni por nadie; de la fatal precisión de dormir, aunque uno sea rey ó emperador; de lo que fuera un hombre ubicuo; de las diferencias que hay entre la nada y lo pasado, y entre lo pasado y lo futuro; de las fuerzas escedentes ó sobrantes del alma; de nuestra loca aspiración á una noción absoluta; de los afanes gratuitos ó injustificados de la imaginación; de la máxima profundísima: Ignoti nulla cupido... y de otras muchas elucubraciones que aun nos bullen en la mente; pero que nos seria imposible representar por medio de palabras. Esta casa y estos valiosísimos objetos de gran mérito histórico y artístico pertenecen á la señora D.ª Maria Ignacia de Ansótegui, viuda de Arcilla, siendo el administrador que la representa el presbítero D. Jose de Aguirre. Hemos procurado indagar cómo estos objetos han venido á parar á esta villa, y lo único que hemos podido averiguar es que el hidalgo de la casa de Ansótegui debió ser secretario del Emperador Carlos V y hombre de su gran privanza, á quien legó estas prendas. Pasemos ahora á dar algunos otros pormenores de Marquina. Cuenta esta villa con excelentes y abundantísimas aguas: la fuente que está junto á la hermita de Arrichínaga es de agua mineral y la que se colocó en la plaza el año 1787 costó cuatro mil ducados el conducir el agua en cañerías desde el manantial de Ursolo. La agricultura tiene mucha importancia, recolectándose mucho trigo y maiz: pero lo que es muy notable es el ganado vacuno que aquí se conserva así como tambien el gran número de aves que presentan en el mercado todos los jueves, en cuyo dia suele acudir extraordinaria concurrencia de gente de todas las aldeas circunvecinas. La féria de ganado se celebra los segundos sábados del mes. La molienda no deja tampoco de tener importancia. Los arbitrios municipales rinden á esta villa anualmente por todos conceptos ochenta y cuatro mil reales. El paseo principal de Marquina es el Prado que se halla en el arrabal de Abésua y las romerías principales se celebran el 16 de Julio, festividad de Nuestra Señora del Cármen, el 24 de Agosto, dia de San Bartolomé (en que se celebra una gran féria de ganado mayor) y el 8 de diciembre, fiesta de la Purísima Concepción, en que también dá principio otra féria de géneros y diferentes objetos que dura hasta el día de Santa Lucia. Tiene por armas un escudo con dos lobos andantes en campo blanco y una cruz como las de Calatrava en la parte superior, con un letrero en la orla que dice: Villaviciosa de Marquina. Marquina es patria de varones ilustres en letras y en armas. Aquí nacieron: D. Pedro Martinez de Marquina, primer abad que fue de la Colegiata de Cenarruza el año 1380; D. Antonio de Marquina, Arcediano de Valencia en tiempo del Emperador Cárlos V; D. José de Marquina, fundador del Colegio de Santa Cruz de Valladolid; don Juan Fernandez de Mugártegui, que como apoderado de la Merindad de Busturia asistió el año 1470 á la jura de los Reyes Católicos; su nieto Pedro Fernandez de Mugártegui, Capitan de alto bordo que prestó muchos servicios á la Corona; D. Pedro José de Mugártegui, Colegial mayor del Arzobispado de Salamanca é Inquisidor de Cartagena; D. Juan Antonio de Mugártegui, Colegial mayor en el de San Bartolomé de Salamanca, Magistral de Calahorra y Canónigo en Santiago de Compostela á fines del último siglo; Fray Gabriel de Guilistigui, religioso franciscano y Obispo del Paraguay á mediados del siglo XVII; D. Juan Fernandez de Barroeta, Colegial de Santa Cruz de Valladolid, fiscal de Granada, regente de la Coruña y del Consejo de órdenes; D. Juan y D. Martin de Barroeta, los cuales en tiempo del Condestable prestaron muchos y señalados servicios á la Real Corona; D. Joaquín de Barroeta, Canónigo de la Santa Iglesia de Cuenca y D. Jose Ignacio de Ansótegui, gran Canonista en Calahorra. Refiere Iturriza que en el Beaterio de Mercenarias floreció en santidad el año 1471 Sor Menda Guisategui, la cual en sesenta años que vivió jamás salió de casa sino para ir á la iglesia, y añade que tuvo el dón de curar los enfermos que se la encomendaban, por lo cual la llamaban la santa madre, que ayunaba perpetuamente y se sustentaba con especies sacramentales de la Sagrada Eucaristía, que solamente comía yerbas y aún estas raras veces en la semana, según consta en los fólios 51 y 52 de la Regla y Constituciones de las religiosas Mercenarias. Entre los hijos que más se han desvelado por el pueblo en nuestros tiempos, merecen citarse los nombres del ilustre Conde de Peñaflorida, que gozaba la Prebostad por merced real, como dueño de la casa solar de Ugarte; de la señora D.ª Cármen de Uhagon que favoreció al vecindario con legados y mandas de consideración; su señor hermano D. Federico de Uhagon, que heredó el corazón y las virtudes de su señora hermana; el actual alcalde León de Onaindía, el teniente D. Jose de Aguirre Sarasua y el celosísimo síndico D. Federico de Mugártegui. Pero ya piafan impacientes los caballos de la diligencia que ha de conducirnos á Ondárroa en poco más de una hora, como queriéndonos decir que es ya hora de despedirnos de Marquina. Un cuarto de hora después el coche hace alto en la plazueleta del establecimiento de baños de Urberoaga de Ubilla y el mayoral nos advierte que tiene que detenerse en este punto un buen rato, aguardando á algunos viajeros. No nos desagrada esta parada, porque así tenemos ocasión de volver á visitar otra vez este magnífico balneario que ya lo describimos al hacer la historia de la anteiglesia de Jemein, en cuya jurisdicción radica. A pesar del verano tan escepcional que atravesamos, no obstante de las continuas lluvias, de la humeda temperatura y sobre todo del cólera morbo que se ha enseñoreado de casi todas las provincias de España, este Establecimiento está tan concurrido y animado que apenas se puede conocer que nuestra patria se halle afligida por tantas calamidades. Nosotros no tenemos tiempo para mas que para recorrer el magnífico y grandioso salon de recreo, en cuyo palco presidencial se ven aún las señales de la patriótica manifestación antigermánica que celebraron hace pocos dias bañistas. Por lo demás, los Sres. Aguirre Sarasúa hermanos siguen acariciando algunos proyectos de consideración para agrandar y levantar este balneario á la altura de los primeros de Europa.- Y lo conseguirán, porque son hombres de iniciativa y de alientos, que cuando conciben una idea, no cejan hasta verla realizada. El camino desde Urberuaga hasta Ondarroa, atravesando las jurisdicciones de Jemein y de Berriatúa, es delicioso; la caudalosa ria que sus campos riega contribuye á que las mieses de maiz los cubran lozanamente, siendo muy numeroso el ganado vacuno que en sus montes se apacienta. La única y penosa cuesta que había en este camino se evitó con el ramal de carretera que abrieron de su cuenta los Sres. Aguirre Sarasúa el año 1870, desde el puente de Ubilla hasta el punto denominado Espeilza. Durante el trayecto visitamos el ilustre solar de Munibe que se alza en la cima de una colina, entre bosques admirables de lozanía y misteriosa sombra, y saludamos la torre de Arancibia, en jurisdicción de Berriatúa, que nos recuerda una gran batalla que aquí se libró entre Lequeitianos y Ondarreses, en defensa de los dueños de las Casas torres de Yarza y de Arrancibia, que se enemistaron en el Sitio de Manchora, en la cual perecieron bastantes individuos de ambas parcialidades. Pero he aquí las primeras casas de la noble villa de Ondarroa, que ponen termino á nuestros históricos recuerdos y tambien fin al presente Capítulo ... ... ...