Iragana

 

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... y Bicarbonatadas nitrogenadas, Urberoaga de Jemein 27º. Casi todas estas salutíferas aguas se benefician con edificios más o ménos cómodos y suntuosos, siendo notabilísimo el de Urberoaga de Jemein, en cuyo establecimiento han invertido ya sus dueños los Sres. Aguirre Sarasua más de dos millones de reales...

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... "La extension de las carreteras que ha construido y sostiene el Señorío, es hoy de 405 kilómetros, en esta forma: de Bilbao á Pancorbo 87 kilómetros, á Durango 25, á Bermeo 32, á Plencia 33, y á Balmaseda 29, de Zañrnoza á Chiriboqueta 4, y á Zugastieta 6, de Durango á Bermeo 33, de Elorrio á Campanzar 5, de Berriz por Marquina á Ondárroa 28, de Marquina á Urcaray 8, de Iruzubieta á Bolivar 2, de ..."

Con la maestría que él acostumbra, ha descrito Trueba el valle de Marquina. Yo me limitaré, pues, á extractar lo que ha dicho el popular poeta. Lo primero que en este valle llama la atencion es la colegiata de Cenarruza, fundada en el siglo X en las vertientes occidentales de Bolivar, erigida en colegiata el XIV. En el valle de Echevarría, que es otro de los brazos del de Marquina, existe la casa solar donde nació Miguel de Urrósulo, padre del insigne carmelita Fray Domingo, que murió en Viena en 1630, despues de haber asombrado á Europa con su santidad y sabiduría, ejercido gran influencia en las córtes de los principales Estados, conseguido en Roma la canonizacion de Santa Teresa de Jesús, y obtenido cinco votos para el Pontificado, cuando la eleccion de Urbano VIII.

La villa de Marquina se halla en el llano de Aspiltza, que significa "bajo el gran peñascal", y cuyo nombre actual equivale á frontera ó límite de territorio, como lo es el valle de Marquina, en cuya cumbre oriental comienza Guipúzcoa.

En la planicie de la colina del mismo valle, que domina la casa solar de Murga, se celebraban las antiguas Juntas generales de la merindad al pié del árbol de Sagastiguren, que murió de viejo á principios del siglo pasado.

En la cofradía de Oronzua, que es el espacio superior que media entre los vallecitos de Bolibar y Echevarría, existen muchas curiosidades y recuerdos. Yendo hácia Munive, por la calzada que costea la falda oriental de la colina de Sagastiguren, estaba la casa del merino mayor, y en la misma falda radicaba la antigua casa solar de Belarroa, que tuvo con la villa muchos pleitos. Al terminar esta calzada está el palacio de Munive, en lo bajo de una colina, como lo expresa su nombre. De este esclarecido solar, del que hoy es digno representante el Sr. Conde de Peña Florida, proceden hombres muy ilustres, entre ellos el insigne fundador de ó100.000 ducados en sus patrióticas empresas. La cúspide del pináculo de Munive, que corona un frontoso grupo de pinos se llamaba Urcamendi, esto es, "monte de la horca", porque allí se ajusticiaba á los malhechores. Al pié oriental de este mismo pináculo hay una especie de hoyada, que se llamaba Lapurzula (hoya de los ladrones), porque allí se sepultaba á los malhechores ajusticiados en Urcamendi. ¡Como han cambiado los tiempos, y como han mejorado las constumbres por la accion del catolicismo y á la sombra de las instituciones forales! Hace pocos años el Gobierno, para contentar á un diputado á Córtes, estableció un juzgado de primera instancia en Marquina, y al año siguiente tuvo que quitarlo, porque no habia tenido en que ocuparse. Insistiendo el diputado para que se conservara, parece que el Ministro le dijo: -"¿Que quiere V. que haga alli el Juzgado, si en un año esa gente no ha sabido cometer ni un miserable hurto?".

Esto prueba, como he dicho, cuan distantes estamos del tiempo en que la horca funcionaba en Urcamendi y se necesitaba el hoyo de Lapurzula para enterrar á los ladrones ajusticiados. En las curiosísimas cartas inéditas del brigadier Nogués, leo tambien algo que viene á comprobar la bondad de los habitantes de esta tierra. En la carta fechada en Marquina el 15 de Junio de 1877, dice: "El 7 se hizo un registro en los caseríos de Marquina-Elgoibar. En uno de ellos un soldado entregó á la patrona el dinero que se encontró en el mismo. í‰sta lo contó y dijo que faltaba un duro. Se lo dieron, para evitar que la queja llegara al jefe del cuerpo, pero al poco rato el casero, que se hallaba ausente de casa cuando fué allí la tropa y se habia llevado un duro sin ponerlo en conocimiento de la mujer, alcanzó la columna y devolvió los veinte reales. ¡Todos honrados!”

En otra carta, fechada el 31, dice: "En este país las mujeres trabajan continuamente en el campo. Por esto se ha dicho que en paz y en guerra igualan á los hombres. Yo creo que los superan, y como la excesiva fatiga perjudica á su naturaleza delicada, se ajan, afean y llegan muy pronto á viejas, aunque la raza es hermosa, como se vé en las sirvientas y artesanas... Entre los grupos se veían dos guardias civiles, que sobraban, porque los vizcainos aun cuando vayan haciendo eses por efecto del chacolí ó del vino de la Rioja, al que tienen mucha aficion, son tan pacíficos, que para representar á la autoridad la sombra del Alcalde y hasta la del alguacil bastan.”

Un poco más arriba de Munive, en la hondonada, está la casería de Alzáa, de donde era nativo el famoso general carlista de este apellido. Allá arriba, en la falda de Iturreta, blanquea entre un grupo de árboles la caseria de Acoda. El dueño y morador de aquella casería es José de Ugarteburo, que ha lavado aquél solar de una negra mancha, comprándole, reedificándole y ennobleciéndole con la nobleza de su linaje y con su honradez personal. Aquella casa fué durante muchos siglos morada del merino chico, del verdugo, del ejecutor de las justicias de Urcamendi y las inhumaciones de Lapurzúlu.

Casi donde empieza el vallecito de Bolivar, bajo el peñasco de Igoz, que corona la blanca ermita de Santa Eufemia, está la casa solar de Ugarte, cuyos señores, como cabeza de linaje, recibian cartas de reyes en la ferrería inmediata, que administraban y esplotaban personalmente. En el robledal de Izárraga, que estaba delante de esta casa, se hizo constar en 13 de Octubre de 1610, que Gonzalo Ibañez de Ugarte, señor de aquel solar, capitaneando en 1596, 400 valientes labradores, armados á toda prisa, hizo reembarcar, ahogándose muchos al reembarcarse, á los herejes de la Rochela, que, según he dicho oportunamente, habian asaltado á Bermeo y hacian allí atrocidades.

Mas debajo de Arrechinaga, en una colina, campea la altiva é ilustre torre de Barroeta, cuyos señores recibian tambien cartas de reyes en la ferrería que aun subsiste al pié de la torre.

La torre, ó mejor dicho casa de Ubilla, cuyo nombre significa "espacio entre dos aguas", está mas abajo en la isla que forman el rio y el cauce de la ferrería inmediata. En su escudo y su puerta hay estas piadosas leyendas: "Mejor es la paz.""La paz de Dios sea en esta casa."De esta ilustre casa procedia D. Antonio de Ubilla, marqués de Ribas, consejero de Felipe V é historiador de la sucesion de este monarca.

Inmediatamente encontramos el gran balneario de Urberoaga, que es donde nos hallamos, y describiré inmediatamente.

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A dos kilómetros de Marquina, junto al camino que vá de esta aristocrática villa á árroa, en la orilla derecha del rio de este nombre, se levanta el suntuoso edificio de los baños de Urberuaga. Según Trueba, Urberuaga ó Urberoaga vale tanto como "sitio estrecho donde brota agua caliente", y efectivamente, este nombre descriptivo, como lo son todos los de esta tierra, conviene al sitio donde mana el manantial ó manantiales de agua minero-medicinal de Urberuaga, que sale á 27 grados centígrados.

A poco de haber salido de Marquina, el valle se estrecha hasta besarse las estribaciones de los montes que corren á uno y otro lado, y en este pequeño espacio se ha abierto la carretera de Ondárroa. En una de sus revueltas, donde le sale al paso el Ondárroa, se levanta entre la ladera y el rio, en terreno robado al monte á fuerza  de barrenos, el balneario de Urberuaga donde nos hallamos.

El agua medicinal que aquí se aprovecha usábanla de antiguo en bebida los naturales del país que padecian determinadas enfermedades. En documentos del siglo XVI se cita como un fenómeno natural, y en 1825, en que se hicieron de ella análisis y ensayos prácticos, se decia que desde tiempo inmemorial hallaban prodigioso alivio en sus dolencias los que la bebían. Poca importancia tuvo no obstante, hasta que los hermanos Aguirre Sarasua, conocidos aquí por los Pellos "Pedros, en vascuence- adquirieron la propiedad del manantial y de los terrenos anexos.

Los Pellos son populares en este país por considerárseles los primeros jugadores de pelota; pero ellos saben hacer algo mas que jugar á pelota, pues con su actividad é inteligencia adquirieron una fortuna nada despreciable, que en vez de emperezarles, les estimula á nuevas empresas. Ciento cuarenta mil duros gastaron en levantar y montar este establecimiento y aumentar su caudal de agua, y a pesar de disponer de tan considerable capital, trabajan con un afán y una asiduidad como si hoy empezaran su fortuna.

La empresa de los hermanos Aguirre y Sarasua fué por todo extremo atrevida y arriesgada, puesto que se trataba de acreditar unas aguas, cuya existencia y virtudes eran poco conocidas, y de atraer gente á un extremo de la Península y alojarla y mantenerla en un despoblado. A esto añadíase que el balneario de Urberuaga debia establecer competencia con aguas tan famosas y tan justamente reputadas como las de Panticosa. Podian seguir el camino trazado y adoptar la práctica observada hasta ahora de construir un cobertizo, unas cuantas pilas para bañarse y á su lado un modesto edificio donde se alojáran lo peor posible dos docenas de huéspedes; pero los dueños de Urberuaga prefirieron empezar con un establecimiento montado á la altura de los mejores de Europa, empleando todos los medios imaginables para acreditarlo desde el primer momento. La guerra civil vino á contrariar los esfuerzos y á perjudicar los intereses de los señores Aguirre y Sarasua, cortando el vuelo á la naciente prosperidad de su establecimiento; pues no solo estuvo éste tres años sin poder recibir huéspedes, sino que los perjuicios causados por la sustracción del moviliario, carruajes, etc., subieron á treinta y tantos mil duros. Este grande contratiempo que vino precisamente el año mismo de inaugurarse el establecimiento, no arredró á los dueños del de Urberuaga; al contrario apénas terminada la guerra, repusieron las cosas en su primitivo estado, y luego Urberuaga se vió favorecido por una concurrencia que apénas dejaba vacía una de sus numerosas habitaciones. La bondad de las aguas, lo pintoresco del sitio, la comodidad del establecimiento y el buen servicio han estimulado hasta tal punto á los concurrentes, que ha sido necesario dar sucesivos ensanches al edificio. Cuando yo lo visité, lo constituían dos grandes cuerpos en forma de paralelógramos, que aunque separados unos cinco metros uno de otro, se comunicaban por medio de una magnífica galería cerrada con cristales. Los dos subsisten aun tal como estaban y tiene cada uno planta baja y tres pisos, á los que dan acceso cuatro escalera suaves y espaciosas, proporcionándoles luz y ventilación dos patios interiores. En estos dos cuerpos se pueden alojar unas 300 personas.

Las habitaciones, en número de 150, son en ellos claras, bien ventiladas y amuebladas con más ó menos lujo, pero todas con lo necesario. Las hay para una, dos y hasta tres camas; otras tienen comunicación á voluntad, y tambien se encuentran pabellones para familias, con dos y cuatro habitaciones y sala independiente. Todas las camas son de hierro y están dotadas de colchones de muelles.

En el piso principal se hallan dos espaciosos comedores capaces respectivamente para 90 y 130 personas; los dos están destinados á la mesa de primera clase. En el cuarto segundo hay otros dos comedores destinados á la segunda y tercera mesa y para los criados; y como accesorios una espaciosa cocina económica, despensas, repostería y demás dependencias necesarias para la limpieza y mejor servicio.

Las galerías cerradas con cristales que comunican los edificios entre sí, y que son continuación de las galerías que dan entrada á las habitaciones de los respectivos pisos, constituyen un extenso paseo cubierto de mas de 3 metros de ancho por 113, de largo, el mas cómodo y apropiado para los enfermos en los dias lluviosos. A estos dos edificios se ha añadido posteriormente un tercero que tiene 180 piés de longitud: en su piso bajo hay 15 esbeltos arcos de piedra sillería sostenidos por columnas en una extensa y espaciosa galería de 17 piés de ancho y 18 de alto. Sobre este cuerpo descansan dos pisos, construidos con frontis ó fachada de grueso muro de mampostería, constituyendo el todo de la obra una masa de 48 piés de elevación, con 38 de fondo. Para emplazar este cuerpo fué preciso desmontar el terreno de roca dura en casi toda su longitud y ancho con unos 30 piés de altura. Con esta nueva construccion, destinada para habitaciones de gran lujo, el establecimiento de Urberuaga de Ubilla mide un largo de 587 piés, con el ancho variable de 40 á 80.

A pocos pasos del establecimiento y á la opuesta orilla del rio se hallan otros dos edificios de planta baja y principal, la primera destinada á caballerizas y otras dependencias, y la principal con buenas habitaciones para hospedear bañistas que deseen vivir á precios módicos y con cocina separada.

En las cocheras se cuentan 22 carruajes de todas clases, destinados al servicio de los huéspedes del establecimiento, y se emplean diariamente ya en llevar á los que se marchan á la estación del ferro-carril que escojen, ya en hacer excursiones á Durango, á Deba, á Motrico, á Ondarroa y Saturrarán, á Lequeitio, ó á cualquiera otro de los puntos de la hermosa costa cantábrica, tan concurrida en la estación de verano. En estas cocheras hay la particularidad de que el mozo de mulas es ciego, y no obstante, es el que dá pienso a las caballerías, engancha y desengancha, conoce á los animales por sus nombres y les distingue perfectamente con el tacto.

Las aguas de Urberuaga son próximamente iguales en su composición á las de la tan famosa fuente del Hígado de Panticosa, caracterizándolas el gas nitrógeno ó azoe, que lo contienen en cantidad muy considerable -97 cc. por 100 volúmenes.- De las tres fuentes manan mas de 32 mil litros por hora; así es que hay agua de sobras para bebida, baños, chorro, pulverizacion, inhalacion y para cuantos usos se la quiera destinar.

La aplicación del agua para sus usos terapéuticos se halla á la altura del buen régimen del establecimiento, y por lo tanto de los balnearios mejor montados de Europa. Pero no es la abundancia de sus aparatos lo que más me llamó la atención en esta parte científica ó técnica de Urberuaga, pues hoy la mecánica hidroterápica se halla muy extendida en todas partes; lo que me sorprendió agradablemente fue la manera ingeniosa con que aquí se ha logrado quitar á las aplicaciones del agua minero-medicinal lo que tienen de desagradable y hasta repugnante, aun en los establecimientos de primer órden. Por ejemplo: el agua para la bebida, en vez de conducirla en una cañería cubierta y hacerla manar en un sitio lóbrego por un caño feo y aparentemente súcio, brota de la roca á la vista de todo el mundo y es contenida en un depósito de cristal en forma de aquarium, y sale por una espita primorosamente labrada de metal blanco, que imita perfectamente la plata. La sala de pulverizacion general, que en todas partes suele ser triste y repulsiva para los enfermos, aquí en un verdadero boudoir, capaz de atraer á la dama de gusto mas delicado. La luz inunda la estancia, pero no para poner de manifiesto aparatos pulverizadores enmohecidos por la accion del agua, sino para que luzcan con todo su explendor dos bonitos jarrones imitacion de Sevres, que apeados sobre sencillos pedestales sostienen dos hermosos ramos de azucenas. Las azucenas son de porcelana y dentro de sus corolas se pulveriza el agua, que sala de ellas en forma de niebla vaporosa y sutil. Asi con este gusto y prevision se ha procedido en las demás aplicaciones del agua.

La vegetación en este valle es exhuberante y á todas las horas del día se puede pasear por el bosque sin temor á que molesten los rayos del sol, impenetrables á su frondosidad. Como hay chubasco diario, la naturaleza viste siempre ropa limpia, lo que le dá cierto aire de fiesta. La temperatura es sumamente agradable y regular. En verano no suele bajar de 17 grados centígrados ni subir á más de 27.

En esta competencia entre Urberuaga y Panticosa ¿Quien vencerá? ¿Vencerá Panticosa á Urberuaga ó Urberuaga á Panticosa? Creo que ni lo uno ni lo otro. Por desgracia sobran enfermos para ambos establecimientos. Ademas de que, cada uno tendrá su especialidad. Aquí vendrán los que solamente necesiten agua fuertemente nitrogenada y no puedan resistir doce horas de diligencia por mal camino, ni los cambios bruscos de la temperatura de Panticosa. Allí irán los que, además del agua necesiten el estímulo pulmonar del aire dilatado que se encuentra en una altura tan considerable como la del balneario de Aragon. Cada uno tendrá sus enfermos y los dos contribuirán al alivio de los males de la pobre humanidad.

Para recorrer los dos kilómetros de buen camino que dista Urberuaga de Marquina, no necesitamos carruaje: es un cómodo y delicioso paseo que se puede andar á pié sin molestia de ninguna clase.

La villa de Marquina se halla situada, como he dicho, en una bonita vega que forma la confuencia de los dos ríos de Marquina-Echevarría que baja por el S.E., y el de Bolivar ú Ondárroa, que se dirige de E. á O. entre los cuales se halla, bañándola el primero de ellos. Esta vega tiene de extension de 7 á 8.000 piés de N. á S. y unos 6.000 de E. á O., estando defendida de los vientos del N.O. por la elevada peña de Santa Eufemia ó Igoz. El nombre de Marquina vale tanto como territorio limítrofe ó que forma límite, según indico antes, asi es que se encuentra aplicado á muy distintas poblaciones, que por otra parte no carecían de sus nombres propios. Tal es lo que sucede respecto de la parte del valle de Ondárroa, comprendida entre Marquina-Echevarria y Jemein, la cual, aunque conocida con el nombre comun de Marquina, tenía igualmente sus nombres propios, llamándose la region superior Ganchia que significa altura, y la inferior Aspiltza, "gran grupo de peñas,"tal vez por las que sostienen la piramidal de Santa Eufemia. En esta parte, que más tarde vino á ser asiento de la villa, había ya de muy antiguo algunas casas solares, siendo las principales las de Marquina, Ugarte-Marquina, Barrueta é Ibita. Estas casas acudian á cumplir sus deberes religiosos á Santa Lucia de Garay, en Guernica donde tenían su pila bautismal y cementerio. Posteriormente los censuarios de Semein erigieron el monasterio de Semein-gan con la advocacion de Santa María, del cual obtuvo patronato el señor de la casa de Marquina, merino y juez mayor de la merindad del mismo nombre. La preponderancia que tomó la casa de Olaso en la ribera del Deva y particularmente la de Astigarribia llegó á amenazar las tierras de Ganchia y Aspiltza, trabajándolas á pretesto de la oposicion que sus gentes oponian á sus abusos. Estos desórdenes dieron motivo á que los hidalgos de la merindad acudiesen al señor de Vizcaya, que á la sazon era el conde D. Tello, pidiéndole la fundacion de una villa que sirviese de refugio á los habitantes y enfrenase las incursiones de los guipuzcoanos; pero á condicion de que no la poblasen labradores censuarios. Asi lo dispuso D. Tello y fundó esta villa con el nombre de Villaviciosa de Marquina, según consta del privilegio que espidió en Bermeo, á 6 de Mayo de 1355, concediéndola el fuero de Bilbao. Señaló además términos á sus vecinos, dióles en propiedad varios montazgos y solares despoblados, y concedióles tambien por parroquia el monasterio de Semein-gan (Jemein,) con todo lo que á esta iglesia pertenecia y la pension de 1200 maravedises anuales. Esta última pension fué causa de discordias entre la villa y los señores de las casas Barroeta y Ugarte, quienes llegaron á fortificarse en las avenidas de la parroquia, y desde ellas ofendian á los vecinos, razon por la que se vieron éstos obligados á construir la iglesia de San Pedro de Elixa-barria (iglesia nueva). Estos trastornos terminaron en 1489, y en la escritura de concordia se estipuló el derribo de dichas casas-torres. El nombre de Villaviciosa de Marquina fué sustituido por el de Villaviciosa de Ibita, en razon á que esta casa-torre, que fué de las primitivas, quedó dentro del recinto de la poblacion, pero este nombre no subsistió y en adelante solo se la ha llamado Marquina. Posteriormente tuvo Marquina varias diferencias con Jemein, á consecuencia de las cuales perdió aquella la mayor parte de su antigua jurisdiccion civil.

El casco de la villa de Marquina, cuya extensión de N. á S. es de 1.200 piés, y de E. á O. de 1.300, se compone de más de 150 casas que forman cuatro calles y tres arrabales. Tres de las primeras, que son paralelas, terminan en la cuarta, y sus nombres son: Guencalle, Erdicocalle y Callesquerra (calle torcida), y Ciarcalle (travesera). Están bien empedradas con sus baldosas ó aceras de piedra granito en los costados y centro, y todas ellas, ménos Callesquerra, son rectas, dando mucha facilidad para conservarlas limpias el establecimiento de un depósito de agua cristalina, fabricado expresamente para este objeto, desde el cual se distribuye á voluntad y con abundancia á toda la población. Los nombres de los arrabales son: Artebay al N., Abesua al S.E., y Gosco al O. La carretera principal pasa por el primero y último de estos arrabales. En el arrabal de Abesua llama desde luego la atencion el ameno y espacioso paseo del Prado, de figura triangular, cuyo lado septentrional lo forma la cerca de los jardines y un bonito espolon llamado Paseo de invierno; el costado oriental una acera de casas, á lo largo de la cual corre otro paseo; y el costado occidental lo constituye en su mayor parte un hermoso juego de pelota de 328 piés de largo y 66 de ancho, con otro espolon igual al del costado del E. Tres avenidas de variados y frondosos árboles forman las lineas concéntricas interiores, dejando todavía en su centro un espacio tapizado de verde. En el encuentro de los dos paseos de E. y O. existe una capillita rodeada de elevados chopos lombardos. El espacio total que comprende este paseo abraza una superficie de 1.122 estados. Tambien es digna de especial mencion la hermosa fuente situada en la plaza del Cármen, con cuatro chorros, de jaspe azulado, y un elegante tazon de piedra blanca sostenido sobre una columna de 15 piés de altura. Además tiene esta fuente en sus cuatro costados, cuatro medallones, en uno de los cuales están esculpidas las armas de la villa, consistentes en dos lobos andantes en campo blanco con una cruz roja, y en los otros hay tres inscripciones. Esta agua fueron recogidas en un depósito en las inmediaciones de la casa solar de Ugarte, y conducidas por un acueducto de 3.000 piés de longitud, construido en 1788 á todo coste, el cual tiene de trecho en trecho 6 arcas ó respiraderos de piedra sillar y atraviesa el rio principal, pasando este sobre el acueducto: son tan abundantes aquellas, que despues de surtir esta fuente y otras tres y además tres grandes chorros que existen en el matadero ó rastro, aun sobra un gran caudal que alimenta al depósito de limpieza y riego de que antes se ha hecho mencion. En el arrabal de Abajo ó Artebay hay otra fuente, cuyas aguas se recojen de otro manantial que existe á tiro de bala de la población en el puente de Ibarreta.

Entre los edificios notables de Marquina merece citarse el matadero, que se distingue no solo por su aseo, si que tambien por las comodidades que ofrece para las diferentes operaciones del reparto de la carne, fabricacion de velas y preparacion de pieles. La iglesia parroquial, que sirve á la vez á la anteiglesia de Jemein, es un vasto edificio reedificado desde el año 1510 hasta el de 1550, y participa de las modificaciones que padeció el gusto arquitectónico en dicha época; asi es que los arcos de las bóvedas pertenecen al órden ojival, mientras que las columnas son de estilo más pesado y carecen de capiteles. Su longitud es de 350 piés, y su anchura de 102; se compone de tres naves sostenidas por seis columnas, y la nave del centro, que es la más ancha y bella, mide de latitud 50 piés.

La instruccion pública se encuentra bastante atendida, contribuyendo á su desarrollo la existencia de varias sociedades científicas y literarias.

Cuentan los de Marquina varios hechos de armas notables, tales como el de 1646, en que formaron la mayor parte de los 200 vizcainos que acudieron al socorro de la plaza de Lérida. D. Martin de Munive, que los mandaba, fue agraciado por esto con la mitad del patronato de Santa Maria de Jemein, lo que motivó varios pleitos entre éste, la villa y las casas de Ugarte y Barroeta, que duraron hasta 1664, dejando las cosas en su estado anterior. En el año 1718, fue invadida Marquina por la turba que se había armado al grito de igualdad y en esta villa fue acosada y puede decirse disuelta. En la guerra de la independencia prestó Marquina relevantes servicios á la causa nacional.

No hemos de salir de Marquina sin visitar el convento de Carmelitas Descalzos, destinado hoy á noviciado para las misiones. Este convento lo fundó en 2 de Febrero de 1691, D. Ignacio de Munive, abad de la colegiata de Cenarruza. Su iglesia consta de una hermosa nave, con dos claustros laterales, y en ella hay algun cuadro muy notable. La Salve que se canta los sábados en esta iglesia, es muy renombrada, y acuden á oirla no solo de Urberuaga y Ondárroa, sino también de Deva y otros puntos mas distantes. Pero la gran concurrencia á esta iglesia se observa el dia 16 de Julio, festividad de la purisima Virgen del Cármen. "Nadie ignora, -dice Delmas- que Vizcaya ama, como todo pueblo patriarcal, las romerías, y tiene por costumbre asistir á sus mas célebres santuarios á tributar homenajes de amor y de agradecimiento á sus Santos tutelares. El convento del Cármen de Marquina goza de esa predilección entre todos los pueblos comarcanos. Desde la madrugada de la festividad se ve colmado de bote en bote y así que terminan los oficios divinos, que se celebran con gran pompa, comienza la romería en la plazuela de su nombre, que revienta de estrechez para contener el sin número de personas que á ella van llegando. Aquí se baila el grave aurrescu en presencia del tradicional chuzo, antiguo símbolo de la autoridad democrática. Allí las choznas esponen gratos manjares, se bebe limonada[1] al aire libre, las aseadas poncheras no cesan de escanciar con ambas manos, las meriendas cubren la alfombra de verdura y flores, y cuando, ya repletos los estómagos de los romeros, se aprestan á bailar el fandango y el arin-arinca, la animación raya en frenesí, el buen humor en locura, la alegria en esas decorosas orgías cantábricas, de que nos hablan los autores de la antigí¼edad. Alli brillan las matronas vicainas su explendidez y hermosura, danzando con un apuesto campesino cuyas piernas tejen las más difíciles cabriolas, ó se asocia el elegante jóven de la villa á una fresca y gentil casera, ataviada con un traje que no admite modas; pero que es clásico y tradicional, y todos se confunden, aldeanos y villanos, señores y menestrales, y se mueven á un mismo compás, formando lo vistoso de los trajes, la agitacion del baile, el sonido del silbo y el tamboril, zarrabete, guitarras y panderas, los ujujús que lanza el formidable pecho y el estampido del cohete que revienta en el espacio, el cuadro más original y espansivo y elocuente de estas populares diversiones. Hasta que llegan las primeras sombras de la noche y toca el silbo la retirada, y como por encanto se disuelve la inmensa reunion, tornando cada cual á su vivienda. El campo queda entonces desierto, mudo el aire, la luna asoma por la ladera para iluminar la senda que atraviesa el romero y el alegre sánso, repetido en el valle y la montaña, llega hasta el sagrado templo, como el último adios dirigido á la Inmaculada Señora que en él tiene su trono.

El mismo escritor dice: "El vascuence que se habla en marquina, así como en todo el país bañado por la ria de su nombre, está reputado como el más puro y elegante de las Provincias Vascongadas. Sus hijos son los más gallardos, ágiles y lozanos y en el juego de pelota á blé no hay nadie que les aventaje. En los muchos servicios que en épocas distintas han prestado á la corona de Castilla se han distinguido por su fuerza y valor. De los 200 vizcainos que en 1646 acudieron al socorro de Lérida, la mayor parte eras marquineses y se hicieron notar por sus talla y coraje: "Era una raza de gigantes,"dice un historiador de la época. En la guerra de la Independencia llamaban tambien la atenció por el ímpetu y fuerza con que acometían á las águilas francesas; y en la guerra civil que terminó con el abrazo de Vergara, el batallon de Larruscain, hijo de la villa, reunia la gente más hermosa y titánica de los ejércitos contendientes. Este Larruscain llegó de simple carpintero á mandar un batallon de vizcainos en el ejército de D. Cárlos. Era tal su fuerza, que con la mayor facilidad partía con el puño una gruesa tabla y en ocasiones repetidas descargó sobre sus hombros un cañon de á cuatro, sosteniéndolo solamente con las manos.”

Para probar la aficion que tiene la gente de esta comarca á los juegos de agilidad y fuerza, refiere lo siguiente el ya citado brigadier Nogués: "En 30 de Junio de 1877, más de 6.000 personas se reunieron para presenciar en el juego de pelota de Marquina la lucha á tirar la barra, entre Ibacach, de 25 años de edad, natural de Aulestia, exartillero carlista, y Argoitia, de 23 años, de Berriatúa. El primero, más ágil, esbelto y por su aire de orgullo, antipático, y el segundo, gastador que fué del batallon de Marquina... más alto, fornido, modesto y de fisonomía más noble. Ganaba en fuerza el de Berriatúa á su contrario; pero le era inferior en práctica y habilidad. Se asemejaban á dos gladiadores romanos en los antiguos circos. Iban acompañados siempre de un amigo que les servia de consejero, les recojia la barra y se la llevaba despues de cada tiro para evitarles trabajo y cansancio, dándoles de cuando en cuando sorbos de aguardiente. Las apuestas entre los espectadores se aumentaban á proporcion que se acercaba el fin de la lucha, y el público los animaba con frenéticos aplausos.

"Antes de comenzar la función, presidida por el alcalde D. Federico de Mugártegui, acompañado de dos peritos, nombrados por las partes contendientes, se pesaron las barras, de 25 libras cada una. Principiaron á tirar por la media vuelta y era tal la ligereza del de Aulestia, que al lanzar el pesado lingote de hierro, salia corriendo y casi lo alcanzaba tocando con ambas manos en el suelo. En este juego y en el de tiro á pecho, que consiste en no sacar los piés de la raya, sacó ventajas el de Berriatúa, el cual le ganó, quedando vencedor, tirando entre piernas, pues rayó á 42 piés 3 pulgadas y 2 líneas, dejando admirados y estupefactos á jóvenes y ancianos de la villa y sus contornos. Ni el calor, ni el entusiasmo, ni el chacolí impulsaron á tan buena gente á dirigirse el más pequeño insulto.

"Lo mismo sucedió en la partida de pelota que se verificó por la Virgen del Cármen, fiesta y Patrona del pueblo. El dia siguiente lucharon un cura de Marquina, á quien el Obispo suspendió, y un chico de 17 años, natural de Eibar, famoso ya, notabilidad precoz, que no tiene otra ocupacion ni oficio que ir de romería en romería ganando alegremente su vida. Salió vencedor lo mismo del capellan que de dos marquineses, que juntos no pudieron contra él solo.”

Hay que visitar en Marquina la casa de D. Manuel de Murga, hermano del famoso D. José, conocido con el nombre de el Hach-Mohamed-el-Bagdady, autor de los Recuerdos Marroquíes del moro vizcaíno. En dicha casa existe el retrato del capitan del siglo XVI Cristóbal de Mondragon. El baron de Areyzaga posee dos retratos de Fernando IV, pintados por Wanlóo. Estas dos casas y la del caballero D. José de Gortazar, llamada de Munive, son verdaderos palacios, rodeados de bosques y jardines, donde el viajero halla cortés y simpática acogida.

En casa del Sr. de Ansótegui se conservan un hermoso retrato, pintado al parecer por Carreño, varios cuadros y sillas, dos magníficos espejos, una especie de secretaire de ejecucion admirable y una cama, de la época de Cárlos II. Como en ella durmió D. Carlos de Borbon en la primera guerra civil, se le dá el nombre de cama de Cárlos V, por lo que muchos creen que perteneció al famoso emperador y suponen que el secretaire era su altar de campaña.

Marquina ha dado muchos hombres célebres, y entre ellos he de citar á Pedro de Marquina, primer abad de la colegiata de Cenarruza el año 1380; á Antonio de Marquina, arcediano de Valencia en tiempo de Cárlos V; á Juan de Marquina, rector del colegio de Valladolid y despues de su célebre universidad, llegando á ser obispo electo de Leon el año 1500; á Pedro Fernandez de Mugártegui, que como apoderado de la merindad de Bustúria asistió en 1476 á la jura de los Reyes Católicos; á Fray Gabriel de Guilestigui, religioso franciscano que fue obispo del Paraguay en 1650; al célebre marino Pedro Fernandez de Mugártegui; D. Pedro José de Mugártegui, colegial mayor del obispo en Salamanca é inquisidor de Cartagena; á D. Juan Antonio de Mugártegui, colegial mayor en el de San Bartolomé de Salamanca, magistral de Calahorra y canónigo de Compostela; á D. Juan Fernandez de Barroeta, colegial de Santa Cruz de Valladolid, fiscal de Granada, regente de la Coruña y del Consejo de órdenes; á D. Juan y D. Martin de Barroeta, oficial superior del ejército en tiempo del Condestable; á D. Joaquin de Barroeta y D. José Ignacio de Ansótegui, canónigos de Cuenca y de Calahorra; á Sor Menda de Guisátegui, mercenaria de Marquina, que murió en olor de santidad; á D. Juan Antonio y D. Juan José de Moguel, curas beneficiados de la parroquia de Marquina, autor el primero del Confesiño-ona, de la novela Peru-Abarca y traductor de algunos escritos de los clásicos latinos y del P. Astete, en lengua vasca.- D. Juan José escribió el Egunoroco-lenonac, y la novela Baserritarren-Escolía- á D.ª Vicenta Moguel, hermana de los anteriores, muy versada en el idioma latino, filósofa y autora de las excelentes Fábulas vascongadas, de varios opúsculos y traductora de la mayor parte de los documentos oficiales que en su época la encomendaba la Diputacion foral; á Fray Bartolomé Santa Teresa, carmelita, autor de las Pláticas doctrinales y otras obras notables, y á Fray Pedro Astarloa, provincial de la órden de San Francisco, escritor ameno y concienzudo y de mucha erudición.

Al retroceder en direccion de Urberuaga, llegando á las últimas casas de Marquina se tuerce á la derecha, y atravesando un puente echado sobre el Ondárroa, entramos en la jurisdicción de Jemein, anteiglesia de la merindad de Marquina, que confina al N. con Berriatúa y Murélaga, por O. con Cenarruza, por el S. con la villa de Marquina y San Andrés de Echevarria, y por el E. con la jurisdicción de la villa de Motrico, en la provincia de Guipúzcoa. Apenas pasado el puente, a nuestra derecha se ve asomar por entre árboles la famosa ermita de San Miguel de Arrechinaga. Forma un exágono regular, cuyos lados exteriores son de 41 piés, y en cuyo interior se ven tres grandes peñas de cuarzo, que se sostienen unas á otras, ocupando un espacio de 110 piés de circunferencia. Las tres se apoyan sobre la piedra caliza que sobresale del pavimento en unas partes un pié y en otras seis. La que está hacia el N. tiene 18 piés de altura y 61 de circunferencia. Su figura es irregular, está en contacto con la piedra caliza y sirve á todas de base por un espacio de 18 piés de circunferencia. Entre Mediodía y Poniente se halla la otra, de 46 piés de circunferencia y 14 de altura, tocando á la base por un espacio que apenas tiene dos piés de circunferencia. La tercera se halla entre Mediodia y Levante y tiene 29 piés y medio de altura, siendo su circunferencia de 10, por donde toca á la base, que tiene 44 á la altura de dos varas del pavimento, y 87 en lo más alto donde se une con las otras dos, formando con ellas como tres grutas, en las cuales hay otros tantos altares. El principal se halla en el centro de la ermita frente á su puerta de entrada, y en él existe una imagen de San Miguel, de malísima escultura; pero que inspira gran devocion al pueblo por creer que su aparicion fue milagrosa. En uno de los otros dos hay un dosel hecho por la naturaleza, con un primor á que no podría alcanzar la industria humana, dice el Diccionario de la Academia de la Historia, del que tomo estos datos. A toda esta mole cubre una hermosa media naranja á vuelta de cordel de 28 piés de rádio, y todo el edificio, que se concluyó el año 1741, es de regular construccion. Junto á esta ermita se halla la casa consistorial de la república, mediando entre uno y otro edificio una pequeña plaza donde el pueblo suele celebrar sus novilladas y bailes.

Dice Trueba, que la primera noticia de carácter auténtico que ha podido hallar de la existencia del santuario de San Miguel de Arrechinaga, es de 1451 y se halla en una informacion hecha por la república de Jemein, con motivo de uno de los infinitos pleitos sobre jurisdiccion, que ha tenido aquella comunidad con la villa de Marquina, para cuya fundacion se dio, como en todas las comunidades donde se fundaron villas, el mejor pedazo de su territorio. En esta informacion, que tenía por objeto rechazar las pretensiones de la villa al patronato de San Miguel de Arrechinaga, que Marquina le ha disputado más de una vez con gran empeño, declaraban testigos octogenarios que habían oído decir á sus padres, que no había memoria de gentes del principio de la ermita de "Sant Michel de Arrechinaga".

Cerca de un siglo despues, en 1541, se hacia constar en otra informacion, que era inmemorial la fundacion de la ermita de Arrechinaga, que esta ermita habia tenido ermitaños y entónces tenia freiles que cuidasen de ella, á cuyo efecto tenía al lado casa en que habitasen.

En 1631, la ermita no tenía ya ermitaños ni freiles, pero subsistía la casa destinada á su habitacion, y declaraban los testigos que era iglesia de mucha devocion y antigí¼edad. Ni en estas, ni en otras informaciones examinadas por dicho señor Trueba se hace la menor alusion á la singularidad del altar de Arrechinaga. Unicamente en un papel en derecho de 1542, se dice que aquella iglesia era muy peregrina.

En el citado año 1631, hubo gran escándalo en aquel templo durante la misa. La villa de Marquina habia nombrado mayordomo de la ermita y con este motivo era grande la irritacion de los vecinos de Jemein, que con razon han dado siempre mucha importancia á su santuario de Arrechinaga. Al ir á hacer la colecta los de Jemein, quisieron impedirlo los de Marquina á viva fuerza, y terminó el conflicto solo con la intervencion del sacerdote celebrante.

Algunos años despues, en 1646, fue por Marquina el obispo Firminense y sorprendido de la singularidad del altar de Arrechinaga y sobre todo de la gran semejanza que habia entre alquel altar y el de San Miguel, del monte Gárgano, en la Pulla, fundado á fines del siglo V por el obispo Sipanto, y tan famoso, que el emperador Oton lo visitó yendo descalzo desde Roma, obtuvo autorizacion y concesion del obispo de Calahorra, D. Pedro Gonzalo del Castillo, á cuya diócesis pertenecia Jemein, para consagrarlo solemnemente, como lo hizo. En el acta ó diploma de la consagracion, cuyo original latino se conserva en el archivo de Marquina, dice el obispo Firminense que habia visitado personalmente la gruta del monte Gárgano, y añade: "Porque piadosamente creemos que este santuario de Arrechinaga, por la gran semejanza que tiene con el del monte Gárgano está bajo el amparo y protección del Santo Arcángel Miguel, y aumentándose la devocion cada dia, lo consagramos, etc.”

En 1734, la república de Jemein determinó reedificar la ermita de Arrechinava, que por ser su fábrica muy antigua amenazaba ruina, a pesar de los contínuos reparos que en ella se hacían, y en efecto, comenzó inmediatamente la obra del nuevo templo y este se inauguró con gran solemnidad y regocijo público en 1741.

Las peñas de Arrechinaga han dado origen á muchas discusiones y á gran diversidad de pareceres: unos, suponiéndolas colocadas por mano de los hombres en la situacion en que se hallan, otros considerándolas como un simple fenómeno natural. El señor Navarro Villoslada cree que este fenómeno trilítico no ha sido suficientemente estudiado bajo el punto de vista meramente geológico. Hace la descripcion del monumento, que ya conoce V., y luego añade: "Con estos simples datos cualquiera persona medianamente instruida en aquella ciencia, (la Geología) comprende desde luego que semejante yacimiento no es normal, que hay en él notoria inversion ó alteración del órden de la naturaleza. Efectivamente, el cuarzo de roca plutónica es de formacion ígnea, y la roca caliza, de las llamadas neptúnicas, principalmente debida al sedimento y accion del agua. Los terrenos plutónicos pasan por primitivos y muy singularmente el granítico, del cual- forma parte el cuarzo eruptivo. Los terrenos neptúnicos vienen despues del enfriamiento de la corteza de nuestro globo, despues de las aguas: son, por consiguiente, mucho más modernos que los ígneos. Para que no hubiese inversión geodésica en el fenómeno que estamos estudiando, la roca caliza debia descansar sobre las rocas de cuarzo y no viceversa. Este trastorno de posicion no prueba, sin embargo, la intervención del hombre, porque ha podido ser efecto de la violencia de revoluciones para nosotros desconocidas, aunque dentro de las fuerzas de la naturaleza. Aquella zona, por ejemplo, está circundada de aguas minerales y termales. ¿No han podido ser lanzadas esas rocas primitivas  por alguna erupción volcánica, de cuya remotísima é inmemorial existencia sean resto los manantiales indicados? El valle de Marquina, situado al pié de grandes montañas, se eleva ya muy poco sobre el nivel del mar. En el cataclismo diluviano ó en otro parecido, anterior ó posterior, quizás en un rompimiento brusco de los grandes lagos mediterráneos, de que han debido estar salpicados los Pirineos, al buscar las aguas su nivel en el inmenso torrente avasallador ¿no han podido arrastrar esas otras rocas graníticas, las cuales se detuvieron en la roca caliza á pocos pasos del fondo del mar, como vemos hoy detenerse en la playa otros cantos semejantes que vienen rodando arrastrados de muy lejanos lechos?

"Ninguna de estas hipótesis es inverosímil ó irracional y absurda. Para rechazarlas, sería preciso estudiar profundamente el fenómeno geológico, ver si han salido las tres rocas de una misma cantera, encontrar ésta y examinar si es posible que fortuitamente hayan sido lanzadas ó arrastradas desde aquel punto.

"Por de pronto, ya se nos previene en las descripciones geográficas que en aquella comarca no existen rocas de las mismas calidades, lo cual nos aleja más y más de la hipótesis de conduccion debida al hombre y de las erupciones volcánicas. Queda, por consiguiente, como más probable la suposicion de un arrastre diluviano.

"Si las piedras agrupadas en San Miguel de Arrechinaga no son fenómeno geológico, sino monumento megalítico, tenemos que atribuirlo á los vascongados, que pasan por ser los aborígenes de España y sin contradiccion racional por los primitivos pobladores de los Pirineos orientales. Siendo las peñas de las proporciones ciclópeas que dejamos apuntadas y superiores, inmensamente superiores, á las fuerzas humanas, ¿cómo los vascos han podido conducir desde lejanas tierras, desde otras zonas, aquellas informes rocas y depositarlas en monton á modo de monumento? Una de dos: ó disponían de grandes medios industriales, de una máquina de fabulosa potencia, ó de grandes fuerzas sociales, de esa gran palanca de la antigí¼edad pagana, llamada esclavitud. Con la servidumbre nos explicamos las pirámides, los obeliscos, las esfinges del Egipto, las construcciones de la India, los monumentos célticos y pelásgicos, y los más modernos, griegos y romanos; comprendemos el pensamiento de los gigantes, el Pelion sobre Osa. Pero los vascos, generacion amamantada á los pechos de santa libertad, pueblo sencillo y pastoril, encariñado con sus valles y de vida tranquila, apacible, sedentaria, ¿han tenido jamás ni esa industria fantástica, ni esas muchedumbres de esclavos, más inverosímiles todavía?

"Es más; siendo los vascos constantes y exclusivos pobladores de aquellos valles, parece regular que hubiesen dejado en ellos otros monumentos de la misma clase. Su imaginacion, su habilidad, su ambición de gloria no se habían de agotar con un solo esfuerzo, con esa única obra.

"Una supone otras. ¿Dónde están éstas? ¿Dónde la tradicion de aquella? Se trata de un pueblo que nada ha escrito ni en piedra, ni en bronce, ni en papiro; pero que todo lo cuenta y todo lo canta. ¿Dónde está el recuerdo tradicional de esa grande época de progreso industrial, de civilizacion fastuosa, de castas privilegiadas, de pueblos tenidos como párias, de siervos e rebaños? ¿Quién ha oido el eco siquiera de esos cantares? Ni esa civilizacion, ni esa cautividad, ni esta tiranía caben siquiera en los valles pirenáicos occidentales; dentro de ellos seria inverosímil.

"La celebridad del monumento ó fenómeno geológico de Marquina nos parece muy moderna... Si fuesen ó quisieran ser esas piedras tosca pirámide conmemorativa, recuerdo glorioso, resto gentílico, único altar ó templo vascongado ¿no estarian hoy circundadas, más que de paredes religiosas, de tradiciones, de leyendas, de cantares y misterios?

"Pues nada de eso. Los misterios principian con la época de la crítica y del estudio de los sistemas céltico y prehistórico...

"Deshecha la hipótesis vasca, hay que volver á la céltica.

"El Sr. Amador de los Rios la rechaza con muchísima razon, al afirmar que la nómada planta de los celtas jamás llegó á penetrar hasta el valle de Marquina. Y para levantar este monumento megalítico de grandes piedras en aquel territorio se necesitaba algo más que penetrar y acampar en él; era preciso poseerlo, disfrutarlo quieta y pacíficamente por espacio de muchos años y aun de muchos siglos. La autoridad del Sr. amador de los Rios en grande; pero no bastaria para decidir la cuestion, si la hipótesis céltica del monumento pudiera apoyarse en algun hecho histórico ó vestigio del arte y religion druídicos. Pero no le hay ni en monumentos, ni en restos arqueológicos, ni en filología, ni en las tradiciones.

"Aun más: al primer golpe de vista dice una persona acostumbrada á examinar monumentos célticos: "No lo es el de San Miguel de Arrechinaga."No sabemos porque se sintió tentado aquel escritor á admitir la hipótesis de que hubieran de componer las colosales rocas un menhir, "por más que este linaje de monumentos, añade, propios de la edad de piedra bruñida, rara vez ofrecerán agrupamiento análogo". En efecto, si lo ofrecieran, ya no serian menhir, esto es, una piedra, sino otra cosa formada de varias piedras.”

Trueba, que ha recorrido en todas direcciones el valle de Marquina y estudiado especialmente este monumento, arroja nueva luz que viene á confirmar las opiniones del Sr. Navarro Villoslada, valiéndose para ello ya de las etimologías euskaras, ya de los datos geológicos.

"Los que opinan que aquellos peñascos deben haber sido conducidos alí de larga distancia por no haber en aquellas cercanías roca ninguna de igual composicion, están grandemente equivocados, dice Trueba. Detrás de la ermita se vé una de la misma clase y en toda la ladera inmediata las hay idénticas. La hipótesis más admisible es que en tiempos remotos las aguas del rio, que corren á pocos pasos de la ermita, ó los hombres, que quisieron abrir por alli un camino, despojaron aquellas rocas de la tierra que las ocultaba y en cuyo seno se habian formado, y las rocas quedaron enteramente descubiertas, siendo desde entónces objeto de admiracion por su singular posicion.”

Hablando de la significacion de la palabra Arrechinaga, dice el mismo escritor. "Siendo el euskara lengua antiquísima y fundándose los nombres euskaros en las condiciones de la localidad ó del objeto que designan, no es posible dejar de ver si el nombre de Arrechinaga dá alguna luz, con cuya ayuda podamos penetrar en la oscuridad que rodea el origen del santuario en que nos ocupamos. Arrechínaga, ó Arrichínaga ó Arruchinaga, pues de todas estas maneras he visto escrito este nombre y lo he oido pronunciar, significa sitio de piedras suspendidas, de arri, arria-a, "piedra", echin ó enchin, "cosa suspendida ó en suspension", y aga, nota de localidad. Nadie que tenga el más vulgar conocimiento de la lengua vascongada, dudará de que ésta sea la significacion de Arrechinaga. Es indudable, pues, que este nombre es descriptivo del fenómeno que tanto llama la atencion en aquella localidad, y este fenómeno está descrito con la precisión que se admira en todos los nombres primitivos euskaros. La palabra arri (arri-a con el artículo pospositivo,) significa precisamente piedra ó roca suelta, pues para designar la roca viva ó nacediza, el euskara emplea en el dialecto vizcaino la palabra ach, ach-a, y en el guipuzcoano aitz, aitz-a. La terminacion y nota local aga, que significa sin extension, solo se emplea en las localidades estrechas como la de Arrechinaga, asi como la terminacion ó nota local eta, se emplea en las extensas y de suave declive.”

Poca es la luz que esta tecnología nos dá sobre este singular fenómeno, según confesion del mismo Trueba; pero ella es bastante para decirnos que el fenóme- es antiguo, porque la composicion del nombre está hecha según las leyes de la más remota antigí¼edad para el idioma vasco, y en segundo lugar, es un dato negativo que nos dice que desde esta misma antigí¼edad se ha considerado como un fenómeno natural, pues de otra manera la composicion del nombre nos designaria su significacion religiosa ú otra.

El P. Fita, cuya opinion es siempre de gran peso en estas cuestiones, cree que las tres piedras colgantes de Arrechinaga son sencillamente un objeto terminal ó quizás un trifinium ó confin de tres distritos.

Dos veces he estado en Arrechinaga, pasando gran rato en examinar minuciosamente aquellas famosas piedras, y puedo decir á V. que la impresión que recibí en la primera visita ha quedado confirmada en la segunda. A mi juicio, la colocacion verdaderamente singular de aquellas piedras no es más que un fenómeno natural que hemos de considerar mucho más sencilla, en vista de la noticia que nos proporciona el Sr. Trueba, de que á muy corta distancia de la ermita existen rocas de la misma calidad de las que aquí se encierran. En dichas piedras, de colosales dimensiones, no se nota señal alguno que indique que en su arranque y conduccion haya intervenido la mano del hombre, y el estado de sus aristas nos dice tambien que ni naturalmente pueden haber venido de gran distancia; pero en cambio nos indica que no es aquel el sitio de su formacion, como supone Trueba. Me inclino, pues, á creer que un sacudimiento volcánico á la accion del aire, del agua y del hielo sobre la montaña inmediata desgajaron estas piedras, que vinieron rodando al sitio donde se hallan y por casualidad se colocaron como están, cubriéndose luego de tierra de transporte, que las avenidas del rio se irian llevando y que la industria humana acabaria por sacar del todo, dejando á descubierto las rocas, convertidas hoy en altares por la piedad de los fieles.

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Nuestra expedición del segundo dia será á Lequeitio, pasando por Ondárroa, que dista dos leguas de Urberuaga. El camino sigue la orilla izquierda del Ondárroa, que algunos llaman Ubilla desde Urberuaga, y en determinadas horas del día es muy animado, por la competencia de las vendedoras de pescado, que cargadas con sus grandes canastos se dirigen á la carrera á Marquina, cada una con empeño de adelantar á las demás para vender mejor su mercancia. Se necesitan los buenos pulmones y las buenas piernas de estas muchachas y su habilidad en mantener en equilibrio la canasta que llevan sobre la cabeza para resistir una carrera de dos leguas.

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